Puntos clave
1. La Realidad del Poder: Más Allá de la Moralidad Ideal
Porque muchos se han imaginado como existentes de veras a repúblicas y principados que nunca han sido vistos ni conocidos; porque hay tanta diferencia entre cómo se vive y cómo se debería vivir, que aquel que deja lo que se hace por lo que debería hacerse marcha a su ruina en vez de beneficiarse.
Pragmatismo político. Maquiavelo argumenta que un príncipe debe operar en el mundo tal como es, no como debería ser. La política no es un ejercicio de moralidad abstracta, sino una lucha por el poder y la supervivencia. Ignorar la naturaleza humana y las realidades del gobierno en favor de ideales utópicos es una receta para el fracaso y la pérdida del Estado.
Necesidad de no ser "bueno". Un príncipe que siempre intente ser "bueno" entre tantos que no lo son, inevitablemente se arruinará. Es fundamental aprender a no ser bueno y a practicar la virtud o el vicio según la necesidad del momento. Esto implica una flexibilidad moral, donde la preservación del Estado y el bienestar de sus súbditos (a largo plazo) justifican acciones que, en otras circunstancias, serían consideradas inmorales.
Apariencia vs. Realidad. La reputación es importante, pero la acción efectiva es primordial. A veces, lo que parece una virtud puede llevar a la ruina, y lo que parece un vicio puede traer bienestar y seguridad. El príncipe debe ser astuto para discernir cuándo actuar de una manera u otra, priorizando siempre la estabilidad y la fuerza de su principado por encima de la opinión pública inmediata sobre su carácter moral.
2. La Importancia Crucial de las Armas Propias
Concluyo, pues, que sin milicias propias no hay principado seguro; más aún: está por completo en manos del azar, al carecer de medios de defensa contra la adversidad.
Peligro de las tropas ajenas. Las tropas mercenarias y auxiliares son inútiles y peligrosas. Los mercenarios son desleales, ambiciosos y cobardes en la batalla, motivados solo por la paga, lo que los hace poco fiables en tiempos de guerra. Las tropas auxiliares, prestadas por un príncipe poderoso, son aún más peligrosas, ya que si ganan, el príncipe que las llamó se convierte en su prisionero, y si pierden, queda derrotado.
La ruina de Italia. La historia de Italia sirve como un claro ejemplo de la ineficacia de las milicias mercenarias. La confianza en estas tropas llevó a la fragmentación y debilidad de los estados italianos, haciéndolos vulnerables a la invasión extranjera. Carlos VIII de Francia, Luis XII y Fernando de Aragón pudieron saquear Italia con facilidad debido a la falta de ejércitos propios y leales.
Fundamento de la seguridad. Un príncipe debe construir su poder sobre cimientos sólidos, y estos son las buenas leyes y las buenas tropas propias. Solo con un ejército compuesto por sus propios súbditos o ciudadanos puede un príncipe garantizar la seguridad y la lealtad. César Borgia es un ejemplo de cómo un príncipe, al disolver tropas mercenarias y auxiliares para formar las suyas, aumentó su autoridad y respeto.
3. Tipos de Principados y Estrategias de Adquisición
Todos los Estados, todas las dominaciones que han ejercido y ejercen soberanía sobre los hombres, han sido y son repúblicas o principados.
Clasificación de Estados. Maquiavelo distingue entre repúblicas y principados. Los principados se dividen en hereditarios (más fáciles de mantener por la costumbre y la menor necesidad de ofender) y nuevos. Los nuevos pueden ser completamente nuevos o mixtos, es decir, añadidos a un Estado ya existente.
Desafíos de los principados nuevos. Los principados nuevos presentan mayores dificultades. Los hombres cambian de señor con la esperanza de mejorar, pero a menudo empeoran, lo que genera rebeliones. El príncipe se ve obligado a ofender a sus nuevos súbditos durante la conquista y no puede satisfacer plenamente a quienes lo ayudaron.
Estrategias para principados mixtos:
- Residir en el territorio: Permite sofocar desórdenes rápidamente y evita el saqueo por parte de representantes.
- Establecer colonias: Son más baratas y leales que las tropas de ocupación, y los perjudicados (pocos y dispersos) no representan un peligro.
- Debilitar a los poderosos: Apoyar a los vecinos menos poderosos y evitar que un extranjero fuerte entre en el Estado.
- Eliminar la descendencia del príncipe anterior: Para borrar cualquier foco de legitimidad alternativa.
4. El Uso Estratégico de la Crueldad y la Clemencia
Por lo tanto, un príncipe no debe preocuparse porque lo acusen de cruel, siempre y cuando su crueldad tenga por objeto el mantener unidos y fieles a los súbditos; porque con pocos castigos ejemplares será más clemente que aquellos que, por excesiva clemencia, dejan multiplicar los desórdenes, causas de matanzas y saqueos que perjudican a toda una población, mientras que las medidas extremas adoptadas por el príncipe sólo van en contra de uno.
Crueldad bien y mal empleada. La crueldad puede ser "bien empleada" si se aplica de una sola vez, por absoluta necesidad de asegurar el poder, y luego se transforma en beneficios para los súbditos. Agátocles de Siracusa es un ejemplo de cómo la crueldad, aunque no virtuosa, puede ser efectiva para adquirir y mantener el poder si se usa con determinación y luego se consolida con un buen gobierno.
Evitar la crueldad continua. La crueldad "mal empleada" es aquella que, aunque leve al principio, crece con el tiempo, manteniendo al príncipe con el cuchillo en la mano y generando desconfianza y odio constantes. Oliverotto da Fermo, aunque inicialmente exitoso con su crueldad, no logró consolidar su poder a largo plazo debido a su falta de astucia y la continuidad de sus métodos.
Ser temido antes que amado. Es preferible ser temido que amado, si no se pueden ser ambas cosas a la vez. El amor es un vínculo de gratitud que los hombres rompen por interés, mientras que el temor es un miedo al castigo que nunca se pierde. Sin embargo, el príncipe debe evitar el odio, absteniéndose de apoderarse de los bienes y las mujeres de sus súbditos, y ejecutando solo cuando haya justificación clara.
5. La Necesidad de Evitar el Odio y el Desprecio Popular
Pero, en definitiva, no hay mejor fortaleza que el no ser odiado por el pueblo, porque si el pueblo aborrece al príncipe, no lo salvarán todas las fortalezas que posea, pues nunca faltan al pueblo, una vez que ha empuñado las armas, extranjeros que lo socorran.
El pueblo como fortaleza. Un príncipe debe esforzarse por no ser odiado ni despreciado por su pueblo, ya que el apoyo popular es la mejor defensa contra conspiraciones internas y ataques externos. Si el pueblo aborrece al príncipe, ninguna fortaleza física será suficiente para protegerlo, pues siempre habrá fuerzas externas dispuestas a apoyar una rebelión popular.
Cómo evitar el odio y el desprecio:
- No ser expoliador: Abstenerse de apoderarse de los bienes y las mujeres de los súbditos.
- Mostrar grandeza y valentía: Evitar ser voluble, frívolo, afeminado, pusilánime o irresoluto.
- Garantizar justicia: Asegurar que los fallos sean irrevocables y que nadie piense en engañarlo.
- Satisfacer al pueblo: Mantener al pueblo contento, ya que un conspirador rara vez actuará si cree que el pueblo no apoyará la muerte del príncipe.
Ejemplos históricos. Los emperadores romanos que cayeron, como Pertinax y Alejandro, lo hicieron por ganarse el desprecio o el odio, ya sea de los soldados o del pueblo. En contraste, Severo, aunque cruel, supo mantener el respeto de los soldados y el temor del pueblo, lo que le permitió reinar con éxito. La lección es clara: la base del poder reside en la percepción y el sentimiento de los gobernados.
6. La Astucia del Zorro y la Fuerza del León: El Arte de la Guerra y la Política
De manera que, ya que se ve obligado a comportarse como bestia, conviene que el príncipe se transforma en zorro y en león, porque el león no sabe protegerse de las trampas ni el zorro protegerse de los lobos.
Doble naturaleza del príncipe. Un príncipe debe saber combatir de dos maneras: con las leyes (propio del hombre) y con la fuerza (propio de la bestia). Como la primera a menudo no basta, es necesario recurrir a la segunda. La metáfora del zorro y el león ilustra la necesidad de combinar astucia para reconocer trampas y engaños, con la fuerza para intimidar a los adversarios.
Flexibilidad en las promesas. Un príncipe prudente no debe cumplir su palabra cuando ello vaya en contra de sus intereses o cuando las razones que lo llevaron a prometer hayan desaparecido. Dado que los hombres son "perversos" y no cumplirán su palabra contigo, tú tampoco estás obligado a cumplirla con ellos. La clave es saber disfrazarse bien y ser hábil en fingir y disimular.
La apariencia de virtud. No es necesario poseer todas las virtudes, pero es indispensable aparentarlas. Un príncipe debe parecer piadoso, fiel, humano, recto y religioso. La mayoría de los hombres juzgan por las apariencias y los resultados. Si un príncipe logra vencer y conservar el Estado, los medios siempre serán considerados honorables por el vulgo, que es la mayoría.
7. La Fortuna y la Virtud: Navegando las Circunstancias
Y yo, pensando alguna vez en ello, me he sentido algo inclinado a compartir el mismo parecer. Sin embargo, y a fin de que no se desvanezca nuestro libre albedrío, acepto por cierto que la fortuna sea juez de la mitad de nuestras acciones, pero que nos deja gobernar la otra mitad, o poco menos.
El papel de la fortuna. Maquiavelo reconoce que la fortuna (el azar o el destino) tiene un poder considerable sobre los asuntos humanos, controlando aproximadamente la mitad de nuestras acciones. Sin embargo, la otra mitad está bajo el control del libre albedrío del hombre, lo que permite la acción y la preparación.
Preparación contra la adversidad. La fortuna es como un río embravecido que inunda las llanuras; aunque su furia es inevitable, los hombres pueden construir diques y reparos en tiempos de calma para mitigar sus efectos. De manera similar, un príncipe debe prepararse en tiempos de paz para resistir los embates de la fortuna en tiempos adversos, a través de la virtud y la previsión.
Adaptabilidad del príncipe. El éxito de un príncipe a menudo depende de su capacidad para conciliar su modo de obrar con la índole de las circunstancias. Algunos triunfan con cautela, otros con ímpetu. El problema surge cuando las circunstancias cambian y el príncipe no puede adaptar su conducta, ya sea por inclinación natural o por aferrarse a métodos que antes fueron exitosos. El Papa Julio II, por ejemplo, tuvo éxito gracias a su impetuosidad, que coincidió con las necesidades de su tiempo.
8. La Elección de Consejeros y la Gestión de la Adulación
La primera opinión que se tiene del juicio de un príncipe se funda en los hombres que lo rodean: si son capaces y fieles, podrá reputárselo por sabio, pues supo hallarlos capaces y mantenerlos fieles; pero cuando no lo son, no podrá considerarse prudente a un príncipe que el primer error que comete lo comete en esta elección.
Reflejo de la sabiduría del príncipe. La elección de ministros es un indicador crucial de la inteligencia de un príncipe. Un príncipe sabio elige consejeros capaces y fieles, y sabe cómo mantener su lealtad. Si los ministros son ineptos o desleales, la culpa recae en el príncipe, quien no supo discernir o gestionar adecuadamente.
Identificación de buenos ministros. Un ministro es bueno si piensa más en el príncipe que en sí mismo, buscando el provecho del Estado antes que el suyo propio. Para mantener la fidelidad de un ministro, el príncipe debe honrarlo, enriquecerlo y colmarlo de cargos, de modo que el ministro comprenda que su bienestar está ligado al del príncipe y tema los cambios políticos.
Cómo evitar a los aduladores. Los aduladores abundan en todas las cortes y son un peligro para el príncipe. La única forma de evitarlos sin volverse despreciable es hacer entender a los hombres que decir la verdad no ofende. Un príncipe prudente debe rodearse de hombres de buen juicio, darles libertad para decir la verdad solo cuando se les interroga, escuchar con paciencia y luego decidir por sí mismo.
9. Grandes Empresas y Alianzas Estratégicas para la Estima
Nada hace tan estimable a un príncipe como las grandes empresas y el ejemplo de raras virtudes.
Fama a través de la acción. Un príncipe gana estima y respeto a través de grandes empresas y acciones extraordinarias. Fernando de Aragón es un ejemplo, quien, de ser un rey menor, se convirtió en el primer monarca de la cristiandad mediante conquistas audaces y una "piadosa persecución" que mantuvo a sus súbditos ocupados y asombrados, sin darles tiempo para conspirar.
Claridad en las alianzas. Es más conveniente para un príncipe declararse abiertamente amigo o enemigo que permanecer neutral. La neutralidad a menudo lleva a ser presa del vencedor y a perder la compasión del vencido. Al aliarse con una parte, el príncipe gana gratitud si triunfa, o ayuda si pierde, y evita ser despreciado por su indecisión.
Fomento del bienestar y la virtud. Además de las grandes empresas, un príncipe debe mostrarse amante de la virtud, honrar a quienes se distinguen en las artes y dar seguridad a los ciudadanos para que prosperen en sus profesiones. Esto incluye instituir premios y reunirse con gremios, siempre manteniendo la dignidad de su cargo.
10. Lecciones de la Historia: Errores de los Príncipes Italianos
Por consiguiente, estos príncipes nuestros que ocupaban el poder desde hacía muchos años no acusen a la fortuna por haberlo perdido, sino a su ineptitud.
Causas de la pérdida de Estados. Los príncipes italianos de la época de Maquiavelo perdieron sus Estados no por mala fortuna, sino por su propia ineptitud. Sus errores comunes incluyeron:
- Falta de armas propias: Dependencia de mercenarios y auxiliares.
- Hostilidad del pueblo o los nobles: No supieron ganarse el afecto popular ni controlar a la nobleza.
- Falta de previsión: No se preocuparon por la tempestad durante la bonanza, esperando que el pueblo los llamara de vuelta en la adversidad.
La importancia de la autodefensa. La única defensa buena, segura y duradera es la que depende de uno mismo y de sus propias virtudes. Confiar en que otros te recogerán después de una caída es una estrategia débil y a menudo inútil. Los príncipes deben ser proactivos en la defensa de su Estado, no reactivos.
Ejemplo de Filipo de Macedonia. Filipo, a pesar de tener un ejército reducido, pudo resistir a griegos y romanos durante años porque era un guerrero hábil, se había congraciado con el pueblo y sabía contener a los nobles. Esto demuestra que la virtud y la preparación son más importantes que el tamaño del ejército o la fortuna inicial.
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Reseñas
El Príncipe receives mixed reviews, averaging 3.88/5 stars. Readers appreciate Maquiavelo's pragmatic analysis of power dynamics and political strategy, noting the work's historical significance and continued relevance. Many find it insightful for understanding leadership and governance, though some consider it morally challenging or tedious due to historical references. Reviewers emphasize the importance of reading it with historical context, recognizing it as a practical guide for maintaining power rather than democratic governance. Several note the text's clarity and brevity, while others find it overrated or difficult without political background knowledge.
